miércoles, 16 de febrero de 2011

Unidad I

Nuestro cuerpo es sumamente importante, no solo porque nos permite caminar, comer, ver, tocar, sino también porque es nuestra principal herramienta de comunicación. A través del cuerpo nos relacionamos, conocemos el mundo y a nosotros mismos. No se debe pensar que el cuerpo es solo una estructura biológica, porque este se encuentra cargado de sentimientos, significados y experiencias.
Por eso, cuando te miras en el espejo, ves más que una masa de carne y hueso, para mirar quién eres, cómo eres y qué eres capaz de hacer. Durante la adolescencia, los cambios que experimentas en el cuerpo, así como la forma en que enfrentas y vives dichas transformaciones, afectan la percepción que tienes de tu cuerpo, o sea la imagen corporal. Esta imagen se compone de dos aspectos: el cognitivo y el subjetivo. El primero tiene que ver con la información que manejas, tanto de la anatomía como de los cambios físicos vividos. Lo subjetivo se relaciona con las valoraciones, juicios y sentimientos que tienes sobre tu cuerpo. De esta forma, la imagen corporal se relaciona directamente con la autoestima (el aprecio que se siente por uno mismo).

Nuestra alimentación, así como la actitud hacia la comida y la actividad física, son la base de nuestra salud. Nuestro estilo de vida se compone de aquellos elementos que creemos vitales y nuestras agendas reflejan aquellas actividades a las que damos prioridad. De ahí que deberíamos cuestionarnos… ¿por qué cuidar nuestra salud sólo en una determinada época del año? …¿es que sólo nos motiva la imagen y el tener que exhibir nuestro cuerpo? …¿cómo debería reflejarse una sana autoestima en estos temas?
Hoy,  más que nunca, el negociar pautas sanas en el estilo de vida es la base de la prevención de muchas de las enfermedades que son causa de muerte en nuestra sociedad (diabetes, obesidad, enfermedad cardiovascular, tabaquismo, etc). Ya no se trata de “desarrollar dieta previa al verano” más bien de aprender a vivir bien para disfrutar de calidad de vida siempre.

Aquí algunos puntos para tener en cuenta, reflexionar…y sentenciar…
1. La comida es nuestra aliada en la salud. De ella nuestro cuerpo se sirve de los elementos nutritivos necesarios para su sistema inmunitario, crecimiento, y demás funciones metabólicas. Por lo tanto todo alimento que nos brinda la naturaleza es bueno y puede consumirse en cantidades moderadas. Entretanto más variada sea nuestra alimentación, más completa será la oferta de elementos protectores que le damos a nuestro organismo.
2. Prefiramos alimentos frescos y de poca manufactura, a aquellos muy procesados a los que la industria alimentaria le ha ido haciendo sus agregados.
3. Recordemos que distribuir los alimentos en 4 a 6  comidas diarias, es lo ideal para una buena digestión y metabolismo. Ninguna de esas comidas debería dejarnos con “sensación de plenitud gástrica”, por lo tanto el tamaño de la porción es fundamental (revise el tamaño de los platos que tiene en casa!)
4. La disminución de sal y azúcar de ningún modo son consejos sólo para diabéticos e hipertensos. Toda la población, incluyendo a los niños, debe controlar la cantidad de ellos. No estamos hablando de suprimir totalmente, más bien de  moderar.
5. Un alimento no es valioso sólo “si es rico y tiene pocas calorías”. Hoy, con el estudio de los alimentos funcionales, la nutrición nos enseña: elegir alimentos que contienen en sí mismos elementos naturales que son preventivos de enfermedades. Por lo tanto: sí a las frutas secas, cereales integrales, palta, verduras y frutas de todo tipo, carnes magras rojas y blancas, legumbres…Recuerde que la cantidad marca el límite entre que un mismo alimento “engorde o no”.
6. La actividad física, en sus diferentes modalidades, pero llevada a cabo metódicamente, sin fanatismos ni extremos, es vital para todos. No debe verse como una herramienta para perder peso, más bien para ganar salud.
7. Considere el consumo de alcohol que está teniendo y recuerde, que si bien el vino tiene propiedades antioxidantes, el beneficio se logra con pequeñas dosis diarias (promedio de una copa diaria).
8. Analice su vínculo con la comida: ¿ha pensado que moderarse en el comer es “un castigo necesario”?…pues si es así, lo invito a que se re-plantee lo que significa para usted un elemento de gratificación. ¿Acaso sentirse sano, ágil, con dominio propio y la capacidad de disfrutar una buena comida sin culpas pero controladamente no es gratificante?…
Dispongámonos a avanzar hacia decisiones que nos vayan acercando a la meta de “buena calidad de vida”, y que cada uno de esos cambios se transforme en un nuevo hábito…es la manera de “no sufrir dietas” más bien caminar por el delicado equilibrio de la moderación y la flexibilidad.

La torre de control

El cerebro es un órgano del sistema nervioso rico en neuronas con funciones especializadas, localizado en el encéfalo de los animales vertebrados y la mayoría de los invertebrados. En el resto, se denomina al principal órgano ganglio o conjunto de ganglios.

En los vertebrados el cerebro se encuentra ubicado en la cabeza, protegido por el cráneo y en cercanías de los aparatos sensoriales primarios de visión, oído, balance, gusto, y olfato.
Los cerebros son sumamente complejos. La complejidad de este órgano emerge por la naturaleza de la unidad que nutre su funcionamiento: la neurona. Estas se comunican entre sí por medio de largas fibras protoplasmáticas llamadas axones, que transmiten trenes de pulsos de señales denominados potenciales de acción a partes distantes del cerebro o del cuerpo depositándolas en células receptoras específicas.
La función biológica más importante que realiza el cerebro es administrar los recursos energéticos de los que dispone el animal para fomentar comportamientos basados en la economía de su supervivencia. En base a esto emergen comportamientos que promueven, lo que nosotros denominamos 'bienestar', pero que el animal sencillamente observa como la acción menos costosa que le permite continuar viviendo su presente.
Los cerebros controlan el comportamiento activando músculos, o produciendo la secreción de químicos tales como hormonas. Aún organismos unicelulares pueden ser capaces de obtener información de su medio ambiente y actuar en respuesta a ello.[2]
Las esponjas que no poseen un sistema nervioso central, son capaces de coordinar las contracciones de sus cuerpos y hasta su locomoción.[3]
En el caso de los vertebrados, la espina dorsal contiene los circuitos neuronales capaces de generar respuestas reflejas y patrones motores simples tales como los necesarios para nadar o caminar.[4] Sin embargo, el comportamiento sofisticado basado en el procesamiento de señales sensitorias complejas requiere de las capacidades de integración de información con que cuenta un cerebro centralizado.
Tomar el control de nuestra vida.
 ¿Cuál es el sentido de la vida?  Habrá tantas respuestas distintas a esta pregunta como personas que aún no han encontrado ninguna. Estas líneas, sin embargo, están dirigidas a quienes comparten un concepto básico: Tenemos la posibilidad y responsabilidad de mejorar permanentemente tanto nuestra persona como nuestro entorno.
 Si alguien siente que todo está escrito y que no hay nada por hacer, es profundamente pesimista,  o no tiene como objetivo mejorar en la vida,  seguramente no va a encontrar valiosa esta lectura. Pero para el resto, con quienes desearía compartir estas reflexiones confiando en que puedan serles de interés, comienzo con un consejo fundamental. El punto de partida: tener clara nuestra meta, definir hacia donde queremos ir. El objetivo, aunque inalcanzable, debe ser la luz que oriente nuestro camino. Aspiremos a la perfección.

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